Síntomas de la varicela

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Introducción

Cuando hablamos de varicela, nos referimos a una infección causada por el virus varicela zóster (VVZ). Recordemos que, este tipo de infección a menudo afecta a los niños y cuando se presenta en adultos, se pueden presentar complicaciones, que pueden ser muy graves.

Esta infección de tipo viral se caracteriza por la aparición de una especie de ampollas de color rosa en la piel, las cuales se encuentran llenas de líquido, y producen un intenso picor. Cabe destacar que, en un período de entre cuatro o cinco días estas ampollas se secas y se transforman en costras. Es de hacer notar que, una persona puede presentar al mismo tiempo vesículas o ampollas y costras. Con el nombre de “cielo estrellado”, se conoce a estas fase de la enfermedad.

Personas afectadas por la varicela

Es importante tener en cuenta que, este padecimiento está presente en todo el mundo y su incidencia se encuentra relacionada con la tasa de natalidad de cada país, afectando principalmente a los países con climas templados. El 90% de las personas afectadas son niños menores de 10 años. Además de acuerdo con la Asociación Española de Pediatría (AEPED), la incidencia mundial de este padecimiento alcanza alrededor de 60 millones de personas al año, de los cuales el 95% son niños y el 5% son adultos.

Las personas más afectadas son: niños menores de un año y los mayores de 15, personas con un sistema inmunológico deprimido, como los pacientes con cáncer, VIH o que hayan sufrido un trasplante, recién nacidos (bebés menores de un mes), cuyas madres no hayan sido vacunadas y adquirieron la enfermedad dentro de los 5 días previos al parto (la afección puede ser más severa y prolongada), mujeres embarazadas, quienes se pueden complicar con neumonías.

Formas de contagio de la varicela

Al igual que cualquier otro padecimiento de tipo viral, la varicela es muy contagiosa, razón por la cual quienes sufren este padecimiento a menudo transmiten el virus a las personas no vacunadas o que no han padecido la enfermedad. De hecho quienes tienen un contacto directo con una persona infectada, tienen un 96% más de probabilidad de contagiarse y desarrollar este padecimiento en un mes. Además hasta tres días antes de la aparición del sarpullido y hasta que se hayan formado las costras, las personas pueden contagiarse. De esta manera se dificulta el diagnóstico.

Las principales formas de contagio o de transmisión de la varicela son las siguientes:

Contacto directo: al entrar en contacto directo con las pequeñas ampollas que contienen el virus, se produce el contagio, aunque  la probabilidad es menor.

A través de secreciones respiratorias: principalmente cuando una persona sana inhala las minúsculas gotitas que se encuentran en el aire, y que son emitidas por una persona enferma con varicela al respirar o hablar.

Transmisión de la madre al feto: esta se produce cuando la mujer embarazada padece varicela durante el primer o segundo trimestre del embarazo, lo cual da lugar a lo que conocemos como varicela congénita, la cual cursa con malformaciones y cicatrices en las extremidades del feto, ceguera y alteraciones del sistema nervioso central y en el peor de los casos puede causar la muerte.

Sintomatología de la varicela

Cabe destacar que, la intensidad de la sintomatología desarrollada, va a variar de un enfermo a otro, aunque en la mayoría de los casos es bastante leves. Además el período de incubación de este padecimiento varía entre una a tres semanas. Los síntomas más comunes los describiremos a continuación.

Sarpullido: este es el primer síntoma que aparece, manifestándose primero en la cara, el pecho y la espalda. Cabe destacar que, a diferencia de otros padecimientos como el sarampión, estas lesiones no se llegan a juntar unas con otras. Es de hacer notar que, en la mayoría de los casos no afecta ni manos ni la planta de las manos ni de los pies.

Vesículas o ampollas: inmediatamente de la aparición del sarpullido, este se transforma en pequeñas vesículas (ampollas) rellenas de líquido, las cuales se expanden por todo el cuerpo en forma de erupción, afectando incluso el cuero cabelludo, el interior de la boca, las orejas, los párpados y el área genital.

Erupción: como ya dijimos esta es la forma a través de la cual se expanden las ampollas y a menudo produce una intensa comezón, lo cual trae consigo el rascado y con ello en el futuro la formación de cicatrices. Cabe destacar que, el rascado se produce principalmente en los niños.

Costras: estas suelen formar cuando se produce la ruptura de las vesículas (a las 24 horas de su formación), las cuales posteriormente se secan. Sin embargo, el hecho de que se inicie la formación de las costras, no es indicativo de que se está en la etapa final de la enfermedad, ya que mientras unas se secan otras pueden aparecer, incluso hasta el séptimo día. Luego de una semana aproximadamente todas las ampollas ya deberían estar cubiertas de costras y cicatrizándose, sin embargo las costras no suelen caerse completamente, sino hasta dos semanas después de su formación.

Otros síntomas comunes: además de los síntomas ya descritos hay otras que son comunes a cualquier padecimiento viral, como lo son: fiebre (moderada, elevada o no aparecer), fatiga, malestar general, ausencia de apetito y dolor abdominal o de cabeza. Cabe destacar que, esta sintomatología puede presentarse incluso uno o dos días antes de que aparezca el sarpullido.

Complicaciones en la varicela

Cabe destacar que, aunque éstas no son muy frecuentes, si pueden presentarse en determinados grupos poblacionales, razón por la cual a continuación describiremos algunas de las más comunes.

Sobreinfección de las ampollas en la piel: debido a la acción de determinadas bacterias. Esta infección se manifiesta con un aumento de la fiebre o por el enrojecimiento o aparición de dolor alrededor de las lesiones, y es la principal causa de hospitalización o atención ambulatoria en casos de varicela. También puede acabar produciendo cicatrices.

Otras posibles complicaciones menos frecuentes no relacionadas con la piel son la neumonía, la encefalitis (inflamación del cerebro) y la ataxia cerebelosa. Raramente, pueden desarrollarse también meningitis, miocarditis (afectación del músculo cardíaco) y hepatitis, entre otras dolencias en diferentes órganos y sistemas corporales.

Otra complicación poco común es el síndrome de Reye, una enfermedad que puede afectar seriamente al cerebro y el hígado y también ser mortal. Tras sufrir la enfermedad, el virus varicela zóster (VVZ) permanece latente en el organismo y en algunos casos -generalmente después de los 60 años- puede reactivarse y producir el herpes zóster. Se trata de una erupción dolorosa en la piel, que suele curarse por sí sola.

De padecerse en el embarazo, especialmente en el primer trimestre, puede originar malformaciones graves e incluso la pérdida del feto.

Diagnóstico de la varicela

A menudo el diagnóstico de este padecimiento, se basa en el desarrollo de los síntomas, sin embargo, hay casos en los que el médico tratante tiene dudas, para lo cual es recomendable estudios más profundos algunos de los cuales describiremos a continuación:

Análisis del líquido contenido en las vesículas: a menudo este líquido es sometido a cultivos o a la detección de antígenos mediante la prueba de reacción en cadena de la polimerasa (PCR).

Detección de anticuerpos: estas pruebas son realizadas en muy pocos casos, y se ejecutan a través de pruebas serológicas. A menudo se recomiendan en el caso de lesiones atípicas o en algunos adultos.

Cabe destacar que, las dudas que surgen en el diagnóstico, son debidas a que existen otras enfermedades como el sarampión, o las lesiones provocadas por Coxsackie, que pueden cursar con una sintomatología similar, aunque en el caso de estos dos últimos padecimientos las vesículas, tienden a ser de tipo hemorrágicas. Además hay ocasiones en las que el herpes simple tiende a diseminarse por el cuerpo llegándose a confundir en muchas ocasiones con la varicela.

Tratamiento de la varicela

Generalmente quien padece esta enfermedad, se cura espontáneamente sin complicaciones. Cabe destacar que, el tratamiento es sintomático, es decir, se receta tratamiento con la finalidad de aliviar los síntomas.

Antihistamínicos: son recomendados para aminorar o disminuir síntomas como el picor y evitar el rascado.

Antitérmicos: son los medicamentos recomendados para aliviar la fiebre. Como antitérmico recomendado tenemos el acetaminofén o paracetamol, sin embargo no debe administrarse aspirina e ibuprofeno.

Antivirales: este tipo de medicamentos son recetados principalmente en los casos en los que se presentan complicaciones o se trata de en enfermos de mayor riesgo. Cabe destacar que, para que el uso de estos sea efectivo, se hace necesario la aplicación del tratamiento dentro de las primeras veinticuatro horas tras el comienzo de la erupción.

Antibióticos: estos son recomendados únicamente cuando se detecta la presencia de una infección bacteriana en las lesiones.

¿Cómo prevenir la varicela?

La mejor manera de prevenir el desarrollo de este padecimiento, es a través de la vacunación. Cabe destacar que, se ha observado que en la mayoría de las personas que son vacunadas no se desarrolla la varicela y las pocas en las que sí, su sintomatología resulta bastante leve.

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