Síntomas de la T.B.C

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Introducción

La T.B.C, o mejor conocida actualmente como tuberculosis, es una enfermedad producida por una bacteria llamada bacilo de Koch (BK), por lo que se considera una enfermedad infecciosa y contagiosa. Esto se debe a que las bacterias que hemos mencionado, normalmente se encuentran en el aire, por lo que se pueden propagar de una persona a la otra. Esta enfermedad es capaz de ser mortal siempre que la misma no se trate de la forma correcta, por lo que buscar ayuda médica rápida es lo ideal.

Existen casos peculiares en los cuales las bacterias infectan un organismo y aún así no generan la enfermedad, por lo que no muestran síntomas. Es importante entender que esto ocurre en la mayoría de las ocasiones y que incluso de este modo, se requiere de la administración de un tratamiento que sirva como prevención ante una futura tuberculosis. Para lograr realizar un diagnóstico específico, es importante conocer cuáles son estos síntomas y analizarlos a gran escala. Mientras más pronto se realice el diagnóstico, más probabilidades de vivir tendrá el paciente.

Lo anterior parte del hecho en el cual estas bacterias causales de la tuberculosis, se encuentran en el aire en más cantidades de las que podemos imaginar, pero a pesar de que entran en el organismo, las mismas no generan la enfermedad ya que el sistema inmune se encarga de detener su proliferación, causando que la bacteria quede inactiva en el organismo e incapaz de transmitirse. No obstante, si las defensas del individuo disminuyen, el sistema inmune se debilita y la bacteria puede activarse, proliferándose y causando el desarrollo de la TBC.

Contagio

Como ya hemos mencionado, las bacterias causales de la tuberculosis tienden a encontrarse en el aire, siempre que una persona la tenga en su organismo y la expulse a través de su respiración. Esto quiere decir que la enfermedad es altamente contagiosa y una persona sana puede rápidamente adquirir la bacteria si se encuentra cerca o en el mismo ambiente de una persona infectada.

Además, también habíamos mencionado en el apartado anterior que las bacterias pueden durar años viviendo en un mismo organismo y aún así no causar síntomas de ningún tipo. A esto se le conoce como tuberculosis latente. Cuando esto ocurre, las bacterias pueden entrar al organismo y mantenerse inactivas durante cierto tiempo, hasta que el sistema inmune se debilite y comience a causar los síntomas de la enfermedad. Además, es importante destacar que en estos casos la bacteria no es capaz de transmitirse a otra persona, por ningún medio.

Pese a lo anterior, es importante tener en cuenta que estas bacterias pueden comenzar a multiplicarse en el organismo de forma abrupta, por lo que ya no se conoce como una infección de tuberculosis latente, sino como la enfermedad de tuberculosis. Partiendo de este hecho importante, se receta un tratamiento que ayude a prevenir esta enfermedad, incluso si no existen síntomas de tuberculosis.

Cuando comienza la enfermedad en sí, comienzan los síntomas y la bacteria puede comenzar a transmitirse rápidamente.

Síntomas de la T.B.C

Una vez que comience a ocurrir la enfermedad de tuberculosis, la misma puede ser pulmonar o extrapulmonar, dependiendo de sus síntomas, y de otros tipos, dependiendo de los órganos a los cuales ataque. De todas estas, la tuberculosis pulmonar tiende a ser la más común, por lo que en este artículo hemos establecido una serie de síntomas específicos y detallados para comprender la enfermedad tanto de este tipo de tuberculosis, como de otros en general.

Los principales síntomas de la T.B.C, son los siguientes:

Fiebre

La fiebre es el síntoma principal de la tuberculosis, siendo este un síntoma común durante una infección de cualquier tipo. En estos casos la fiebre tiende a ser alta, superando los 39º C, y frecuente, por lo que surge de forma diaria y no se calma de forma simple. La fiebre surge como un aviso que tiene el organismo de avisarnos que agentes patógenos externos se encuentran en él y se está defendiendo.

Sudores nocturnos

Este tiende a ser otro de los síntomas comunes de la tuberculosis, sobretodo porque los ataques de fiebre tienden a ser nocturnos y el cuerpo comienza a sudar de forma excesiva. Además, existen casos peculiares en los cuales los sudores tienden a ocurrir incluso sin fiebre, por lo que este síntoma es propio de la enfermedad.

Tos

De todos los síntomas de los cuales hablaremos, la tos tiende a ser el principal de todos, sobretodo en el caso de la tuberculosis pulmonar. Incluso, en otros casos de tuberculosis urinarias también sale a relucir un ataque de tos, pero no es precisamente el síntoma principal. Este síntoma se caracteriza por ser crónico, por lo que la tos tiende a durar más de un par de semanas. Tiende a comenzar siendo una tos seca y luego pasa a ser una tos mucho más fuerte, evolucionando y añadiendo a sus características un expectoración cuyo color puede variar entre lo amarillo y lo verde.

Expectoración con sangre

Cuando comienza la expectoración con la tos, llega un momento en el cual comienza a existir sangre dentro de los fluidos mocosos que se expulsan, lo que se conoce mejor como hemoptisis. En sí, lo que ocurre es que el catarro expulsado  través de la tos, está compuesto de cierta cantidad de sangre. Este tiende a ser un síntoma común en etapas evolucionadas.

Falta de aire y cansancio

Este es otro de los síntomas que por lo genera ocurre cuando la enfermedad ya ha avanzado en gran medida, por lo que la falta de aire comienza a verse con más seguridad y durante el esfuerzo, cuando está comenzando, hasta que comienza a observarse en estados de reposo absoluto. Por otro lado, el cansancio es un síntoma común de cualquier tipo de tuberculosis en general y se caracteriza por dejar sin fuerzas al afectado y con malestar en todo el cuerpo.

Dolor torácico

El dolor en la zona del pecho tiende a ser un síntoma particular de esta enfermedad, sobretodo cuando la bacteria ataca directamente los pulmones. Los motivos pueden ser muy diversos, pero específicamente se debe al daño ocasionado por la bacteria al pulmón, o a ambos, de ser el caso.

Pérdida de peso

Por otro lado, es común observar cómo personas con tuberculosis en general, comienzan a perder peso de forma abrupta y descontrolada, ajeno a su voluntad. Esto se debe a la falta de apetito que los acarrea de forma seguida.

Linfonodos aumentados

Este síntoma puede ser común en la tuberculosis pulmonar, pero más aún en la tuberculosis ganglionar, y el mismo consiste en tener linfonodos aumentados y palpables por el cuerpo, sin mostrar dolor u otros síntomas que no sean los comunes de la tuberculosis en general.

Dolor óseo

Cuando hablamos de dolor en los huesos, hablamos de tuberculosis ósea, aunque también puede ocurrir este síntoma en otros tipos de tuberculosis. Los dolores son capaces de aparecer en diversas zonas del cuerpo, aunque no es un síntoma demasiado común.

Sangre en la orina

Se comienza a observar sangre en la orina cuando la tuberculosis comienza a dañar el sistema urinario, lo que mejor se conoce como una infección de orina, con la diferencia clara de que en estos casos no se cura con antibióticos comunes como de costumbre y no suele observarse por medio de un examen general de orina.

Diagnóstico de la tuberculosis

Como pueden ver, la tuberculosis es una enfermedad que suele presentar síntomas en diversas de sus facetas, por lo que es importante prestar atención a ellos y consultar con un médico siempre que sea necesario. Una vez que se visite al especialista, el mismo deberá estudiar tu caso y analizar tus síntomas, complementando con un chequeo físico exploratorio en el cual palpará tus nódulos, escuchará tu corazón y tus pulmones y buscará signos de inflamación en alguna zona.

Si se sospecha de tuberculosis, el médico establecerá la realización de una prueba cutánea sencilla, o bien, un análisis de sangre, que ayudará a confirmar la enfermedad. Por otro lado, se establece la realización de una radiografía de tórax con el fin de observar cómo se encuentran los pulmones  y buscar respuestas a partir de ellos.

Si lo anterior no resulta, se puede realizar una prueba de esputo, la cual se realiza comúnmente luego de tener resultados de la radiografía de tórax. Esta prueba se realiza tomando una muestra de la mucosidad que expulsas y analizándola en un laboratorio.

Tratamiento de la tuberculosis

Al tratarse la tuberculosis de una enfermedad infecciosa, es importante tener en cuenta el diagnóstico y haber confirmado la presencia de la bacteria en el organismo, con el fin de que el especialista pueda trazar un plan de tratamiento desde este punto. Además, s importante tener en cuenta que tratar esta enfermedad es más complicado y lleva más tiempo de lo que requiere cualquier otra infección bacteriana. Los antibióticos son el mejor método para tratar esta bacteria y deben ser administrados por un periodo de tiempo prolongado, no mejor a seis meses y no mayor a nueve meses.

El especialista establecerá la dosis y el tiempo correctos dependiendo de tu edad, de la zona en la cual tengas la bacteria, de los daños que haya realizado la misma en tu organismo y de tu resistencia hacia los medicamentos. Por otro lado, si se trata de una tuberculosis latente, se puede prevenir alcanzar la enfermedad con un tratamiento preventivo que no sobrepase los cuatro meses de duración.

Complicaciones

Si por alguna razón, la tuberculosis no se trata de ninguna forma, o se trata de forma errada, las consecuencias en forma de complicaciones de salud pueden llegar a ser fatales. La bacteria puede comenzar un recorrido por el organismo, atacando órganos sanos, como los pulmones, transportándose a través de la sangre.

Las complicaciones pueden ser mortales, o leves, dependiendo de la zona afectada. Dentro de las principales complicaciones de la tuberculosis, se encuentran las siguientes:

  1. Dolor en la zona de la columna vertebral. Esta complicación tiende a ser una de las principales de la enfermedad, observándose en forma de rigidez y dolor constante en toda la zona de la espalda.
  2. Articulaciones dañadas. Cuando la tuberculosis se mete con otras zonas menos comunes, comienza a dañar tejidos y articulaciones, como aquellas que se encuentran en la cadera y en las rodillas (artritis tuberculosa).
  3. Meningitis. La meningitis es la inflamación de las meninges, las membranas que cubren y protegen el cerebro. Esto, a su vez, puede causar algunos síntomas, como dolores de cabeza constantes.
  4. Problemas renales o hepáticos. Estos problemas comienzan a observarse de forma brusca y se catalogan como graves, ya que ambos órganos son aquellos que se encargan de limpiar y filtrar los desechos e impurezas que se encuentran en la sangre.
  5. Problemas cardíacos. Por último, la tuberculosis es capaz de afectar en gran medida el corazón, dañando los tejidos que lo rodean.

Ayuda a prevenir la tuberculosis

Si eres una persona portadora de la bacteria, sobretodo si la tienes activa, es importante que tengas en cuenta que puedes transmitirla a las personas que te rodean, por lo que es importante que tomes ciertas medidas que te ayuden a no hacer daño a tus familiares y amigos. Tus gérmenes deben quedar sólo en tu organismo, por lo que permitas que el tiempo pase y ya el contagio no sea permitido, siempre y cuando recibas un tratamiento. Y es que una vez que comiences un tratamiento, aún así la tuberculosis podrá ser transmitida, hasta que sobrepases los cuatro meses con antibióticos en tu sistema.

Las medidas preventivas que puedes tomar para evitar contagios, son las siguientes:

  1. No salgas de tu hogar. Debes evitar a toda costa salir de tu casa y mantener contacto con personas a tu alrededor, mucho menos mantenerse en un lugar cerrados con otras personas.
  2. Mantén todo tu hogar ventilado. Mientras más aire mantengas a tu alrededor, menos probabilidades tendrás de mantener los gérmenes y las bacterias en un mismo lugar.
  3. Tapa tu boca. Si lo requieres, utiliza un pañuelo o un tapabocas, con el fin de que no expulses bacterias cuando estornudes, tosas o rías. Cada tapabocas que utilices, deberás desecharlos, así como el pañuelo.

Y por último, no dejes de tomar tus medicamentos, incluso si sientes mejoras. Es necesario que completes tu ciclo de curación, de modo que no dejes rastros de bacterias latentes en tu organismo y así evites una posible transmisión.

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