Síntomas de la leucemia

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Introducción

La leucemia es una enfermedad muy conocida por atacar a un gran número de personas alrededor de todo el mundo, incluyendo en una gran parte a los niños. Este es el cáncer que se desarrolla en los tejidos que se encargan de formar la sangre en el organismo, incluyendo dentro de esto a la médula ósea y el sistema linfático. Se considera un cáncer grave en un gran número de aspectos, sobretodo porque cuenta con muchas variantes que conforman diferentes tipos de leucemia, en donde muchos de ellos tienden a ser muy frecuente en niños, y los otros, en los adultos.

En sí, cuando hablamos de leucemia hablamos de un tipo de cáncer que se involucra de forma directa con los glóbulos blancos, los cuales son aquellos que se encargan de combatir cualquier tipo de infección que pueda atacar al organismo. De forma común, los glóbulos blancos cumplen un proceso en el cual crecen y luego se dividen siguiendo un patrón organizado, siempre que el cuerpo los necesite. Sin embargo, cuando una persona cuenta con leucemia, este proceso se ve afectado, por lo que la médula ósea comienza a producir glóbulos blancos anormales que no cumplen las funciones principales de forma correcta.

Para poder tratar este tipo de cáncer, se deben tomar en cuenta diversos factores, como la edad del afectado, el tipo de leucemia, el estado del cáncer y otros factores importantes. Si bien el tratamiento puede verse complicado en muchos casos, se trata de constancia, perseverancia y estrategias específicas que ayudan a que el tratamiento elegido funcione.

Síntomas de la leucemia

La leucemia es un tipo de cáncer que puede variar en muchos sentidos, lo que es el caso de sus síntomas, y es que no en todos los casos tienden a ser iguales, aunque sí similares. Para establecer una lista que se acerque a lo preciso, a continuación les presentamos los principales y más frecuentes síntomas de la leucemia:

Fiebre y/o escalofríos

En un 90% de los casos de leucemia, sin importar la edad del afectado, surge un tipo de fiebre bastante llamativo, sobretodo porque la misma puede sobrepasar los 39º C y durar más de cuarenta y ocho horas. Además, puede estar acompañada de escalofríos inusuales que aparecen incluso cuando no hace frío.

Fatiga y debilidad

Los pacientes con leucemia comienzan a debilitarse rápidamente, sobretodo cuando el cáncer ya va avanzando. En sí, el tipo de fatiga que les afecta se caracteriza por ser constante y por no desaparecer tan fácil, por lo que cualquier mínimo esfuerzo es capaz de desencadenar estos síntomas.

Infecciones frecuentes

Al tratarse de un tipo de enfermedad que afecta los glóbulos blancos, esto quiere decir que el cuerpo se ve debilitado delante agentes patógenos externos, lo que coloca al individuo como un foco de luz para las bacterias, virus y demás. Esto quiere decir que un síntoma común de la leucemia es el hecho de contar con infecciones muy frecuentes.

Pérdida de peso involuntaria

Es común observar cómo muchas personas con leucemia comienzan a perder peso de forma repentina, en donde incluso las mismas siguen alimentándose bien, dentro de lo normal. Esta pérdida de peso involuntaria tiende a observarse rápidamente en ciertas etapas del cáncer.

Inflamaciones

Es muy común, además, que ciertas partes del organismo se vean afectadas por esta enfermedad, por lo que observar ganglios linfáticos inflamados, el hígado agrandado y el bazo más grande de lo normal, tienden a ser síntomas comunes de la leucemia.

Sangrado y formación de moretones

Por otro lado, a causa del descontrol en los glóbulos blancos, es muy común observar que el afectado contrae una tendencia por realizarse moretones que tardan en irse del cuerpo, así como comienzan a sangrar de forma frecuente.

Sangrados nasales recurrentes

Este síntoma tiende a ser un empeoramiento del síntoma anterior, por lo que llega un punto en la enfermedad en el cual el afectado comienza a tener sangrados nasales de forma frecuente, en donde la cantidad de sangre expulsada de forma involuntaria tiende a variar.

Petequia

La petequia es una condición que se caracteriza por contar con manchas pequeñas en la piel de color rojo. Estas manchas pueden variar en cuanto a tamaño y forma.

Sudoración excesiva

Por otro lado, la sudoración excesiva es otro de los síntomas comunes de la leucemia, la cual por lo general tiende a desarrollarse por las noches. En ocasiones, la sudoración puede alcanzar el colchón.

Dolor o sensibilidad en los huesos

Esta enfermedad ataca los huesos de cualquier persona de forma rápida, por lo que es común que los afectados con leucemia cuenten con cierto grado de dolor o sensibilidad en los huesos, en donde en ocasiones el malestar se concentra en zonas específicas.

Es importante tener en cuenta que estos síntomas son capaces de variar en cuanto a intensidad y frecuencia, por lo que debes estar atento a cualquier cambio que exista en tu organismo. Además, en un principio la leucemia tiende a ser confundida con una simple gripe, ya que lo que primero comienza a atacar es la debilidad, la fiebre y los dolores, en un nivel menor. El diagnóstico temprano es ideal para una mejora exitosa.

Factores de riesgo de la leucemia

Lamentablemente, la leucemia es uno de los tipos de cáncer que no se comprenden con exactitud, sobretodo en cuestiones de causas, y es que aún cuando se han establecido una serie de estudios exhaustivos para lograr comprender la razón por la cual surge la enfermedad, hasta el día de hoy esto no se ha logrado. Sin embargo, se han creado teorías que indican que un grupo de factores combinados son capaces de generar el desarrollo de la enfermedad, en donde los factores que influyen tienden a ser genéticos y ambientales.

Por otro lado, existen también algunos factores que tienden a aumentar el riesgo de posibilidades de desarrollar una leucemia, en donde algunos de ellos ya se encuentran comprobados. Los principales factores de riesgo de la leucemia, son los siguientes:

  1. Tratamientos oncológicos previos. El hecho de haber padecido de otros tipos de cáncer y de haber sigo sometido ante algún tipo de tratamiento oncológico, como la quimioterapia y la radioterapia, genera que las posibilidades de desarrollar una leucemia aumenten en gran medida, específicamente ante algunos tipos de leucemia.
  2. Trastornos genéticos. Cuando una persona cuenta con anomalías en su organismo, esto puede relacionarse directa o indirectamente con la leucemia, en donde el trastorno genético que tiende a resaltar es el síndrome de Down.
  3. Exponerse ante sustancias químicas. El hecho de mantenerse siempre expuesto ante diversas sustancias químicas comunes, como el benceno que se encuentra en la gasolina y en industrias química, genera que las posibilidades de desarrollar una leucemia tiendan a aumentar en gran medida.
  4. Cigarrillo. El hecho de ser una persona fumadora, tanto pasiva como activa, genera que las probabilidades de desarrollar una leucemia mielógena aguda, sean demasiado altas, por lo que se recomienda evitar la nicotina.
  5. Antecedentes familiares. Si bien la leucemia aún no es considerada como una enfermedad hereditaria, el hecho de contar con padres o familiares directos que hayan padecido, o estén padeciendo de una leucemia, aumenta tus posibilidades de riesgo en gran medida.

Pese a esto, y aunque si se combinan dos o más de estos factores las probabilidades aumentan radicalmente, esto no quiere decir que cualquier persona con alguno de estos factores vayan a padecer de leucemia, y es que se han observado casos en donde personas completamente sanas a simple vista desarrollan este tipo de cáncer de forma brusca.

Ahora bien, para explicar un poco más sobre el desarrollo de este tipo de cáncer, se habla sobre mutaciones anormales que surgen en las células sanguíneas del ADN. Si bien este tipo de cambios aún no se comprende a profundidad, la relación entre la leucemia y estas mutaciones parece ser demasiado alta, por lo que cuando ocurren, las probabilidades de desarrollar el cáncer, aumentan en un porcentaje muy alto.

Partiendo ahora de los síntomas, y tras estudiar un gran número de casos, parece que cuando las anomalías comienzan a desarrollarse, las células crecen y se dividen con mucha rapidez, lo que las deja vivas aún cuando las células normales ya han muerto. Estas células son capaces de desplazar las células sanas hacia la médula ósea y formar una disminución de plaquetas, glóbulos blancos y rojos que se encuentren sanos. A raíz de este proceso, comienzan los síntomas de la leucemia.

Clasificación y tipos de leucemia

Tras estudiar a fondo la enfermedad y basados en la velocidad y en la evolución de los tipos de células que se involucran en el proceso cancerígeno, los especialistas han logrado establecer una clasificación adecuada por medio de la cual puedan dividir en clases, y en tipos, la leucemia.

La clasificación de la leucemia, es la siguiente:

Según la velocidad de evolución

  1. Leucemia aguda. Este tipo de leucemia es considerado bastante peligroso, sobretodo porque la enfermedad tiende a empeorar rápidamente. Se necesita que el tratamiento sea establecido rápidamente. En sí, lo que ocurre es que las células anormales son inmaduras, lo que quiere decir que no pueden cumplir las funciones de forma adecuada y su multiplicación es muy rápida.
  2. Leucemia crónica. Dentro de esta clasificación existen diferentes tipos, en donde pueden variar en cuanto al número de células, por lo que en algunos casos el número tiende a ser menor que en otros casos. En esta clasificación encontramos células sanguíneas más maduras, a diferencia de el caso anterior, y si bien estas también se multiplican rápidamente, se van acumulando y funcionan normalmente durante un tiempo. Los síntomas pueden tardar en aparecer.

Según el tipo de glóbulo blanco afectado

  1. Leucemia linfocítica. Tal como nos lo indica su nombre, este tipo de leucemia es aquella que se caracteriza por atacar de forma directa las células linfoides, es decir, lo que mejor se conoce como linfocitos. Estas células, a su vez, se caracterizan por formarse en el tejido linfático, el cual forma parte específica del sistema inmune.
  2. Leucemia mielógena. Por otro lado, está este tipo de leucemia, la cual es aquella que afecta las mieloides, las cuales son células que se caracterizan por encargarse de originar tanto los glóbulos rojos, como los glóbulos blancos, además de que son las encargadas de producir el número correcto de plaquetas.

Ahora bien, partiendo de las clasificaciones anteriores, se establecen entonces una serie de tipos de leucemia, dentro de los cuales destacan los siguientes:

  1. Leucemia linfocítica aguda. Para comenzar esta lista, lo haremos con el tipo de leucemia más común en los niños, que si bien también afecta a muchos adultos, es el tipo de leucemia más común en los más pequeños.
  2. Leucemia mielógena aguda. Este es otro tipo de leucemia muy frecuente, que tiende a afectar en medidas iguales tanto a adultos como a niños, aunque tras establecer estudios y estadísticas, este tipo de cáncer suele ser más común en adultos.
  3. Leucemia linfocítica crónica. Este tipo de leucemia, siendo una de las que más atacan a los adultos, se caracteriza por no presentar síntomas durante largos periodos de tiempo, por lo que puede encontrarse en el organismo de una persona y no manifestarse. Es posible que durante este periodo de tiempo no requiera de tratamiento.
  4. Leucemia mielógena crónica. Este es otro tipo de leucemia que tiende a atacar a los adultos, y que además se caracteriza por contar con una cantidad muy pequeña de síntomas en sus comienzos. Es decir, la enfermedad puede encontrarse activa en el organismo y manifestarse cuando ingresa en una etapa en donde las células comienzan a crecer de forma descontrolada.

Diagnóstico de la leucemia

El diagnóstico de la leucemia puede variar, ya que si bien puede basarse en los síntomas, también puede ocurrir que se descubra la enfermedad a través de exámenes de sangre de rutina. En sí, estableciendo la teoría de que la leucemia se sospeche a través de diversos síntomas, se dice entonces que se debe consultar con un especialista, con el fin de que el mismo pueda establecer el diagnóstico certero.

Una vez llegues a la consulta, el médico deberá estudiar tu historia clínica, la de tus padres y analizar los síntomas que logres explicarle. Además, deberá comenzar a realizar una exploración física en la cual el mismo buscará signos de leucemia, como palidez, ganglios linfáticos inflamados e inflamación del hígado. Además de lo anterior, si el médico sospecha sobre la enfermedad, deberá establecer una serie de exámenes de sangre en donde buscará analizar los niveles de glóbulos rojos, blancos y plaquetas, lo cual puede ayudar a dibujar el diagnóstico.

Sin embargo, para poder establecer el diagnóstico final, se necesita de un análisis de médula ósea, el cual consiste en la extracción de una muestra de la médula ósea del hueso que se encuentra en la cadera. Esto se logra gracias a una aguja delgada y larga que deberá introducirse por la zona indicada, hasta alcanzar la médula y extraer parte del tejido. La muestra debe ser analizada a profundidad en un laboratorio.

Tratamiento de la leucemia

Para finalizar este tema, hemos de hablar sobre el tratamiento correcto para tratar la leucemia. Este debe basarse en todas las características del paciente, incluyendo edad y tipo de leucemia, además de la evolución de la enfermedad. Las opciones pueden variar y tienden a ser eficaces en su mayoría, siempre que el diagnóstico haya sido realizado a tiempo. Y es que la leucemia es capaz de extenderse a diferentes partes del cuerpo, como el sistema nervioso central, lo que dificulta la mejora y la eficacia del tratamiento indicado.

Los principales tratamientos establecidos para tratar la leucemia, son los siguientes:

  1. Quimioterapia. La quimioterapia en muchas ocasiones tiende a ser la forma más eficaz de tratar la leucemia, así como muchos otros tipos de cánceres. Este proceso se caracteriza por la utilización de diferentes sustancias químicas que ayudan a eliminar las células cancerígenas. Dependiendo siempre del tipo de leucemia que tengas y del estadio de la misma, la quimioterapia puede basarse en un solo medicamento, o bien, en una combinación de varios de ellos. El método de administración también suele variar, ya que puede ser administrado por vía oral a través de pastillas, o por vía endovenosa, a través de líquidos.
  2. Terapia biológica. La terapia biológica es aquella que consiste en diferentes tratamientos específicos que se basan en fortalecer tu sistema inmune, de modo que el mismo comience a funcionar y ayude a atacar las células cancerígenas. Por lo general, este tipo de tratamiento tiende a ser combinado con otros.
  3. Terapia dirigida. La terapia dirigida es un tipo de tratamiento que busca atacar ciertas fragilidades que contienen las células cancerígenas, de modo que ayuda a que la enfermedad se controle de forma precisa. Este tipo de tratamiento también suele ser combinado con otros tipos de tratamientos.
  4. Radioterapia. La radioterapia es otro de los principales tratamientos que se utilizan para tratar tanto la leucemia, como otros tipos de cánceres, en donde en ocasiones se combina con la quimioterapia para mejores resultados. En sí, este proceso hace uso de rayos X y algunos otros haces de energía que ayudan a que las células de la leucemia se vayan dañando, lo que imposibilita su crecimiento y su reproducción. Este procedimiento se realiza recostando al paciente sobre una camilla en posición recta, mientras que una máquina de gran tamaño comienza a moverse por encima de todo el cuerpo del paciente. La radiación que comienza a recibir el individuo ataca zonas específicas del cuerpo, en donde puede ser una o puede ser varias. Esto dependerá de las zonas en las cuales se observe una acumulación de células cancerígenas. Este procedimiento también suele utilizarse como método de preparación ante un trasplante de células madre.
  5. Trasplante de células madre. Este procedimiento es aquel que se realiza con el fin de reemplazar la médula ósea que se encuentre dañada a raíz de la leucemia, de modo que se inserte una médula ósea sana. Por lo general, antes de realizar este proceso el paciente tiende a ser expuesto ante dosis altas de quimioterapia o de radioterapia, con el fin de que la médula ósea dañada se destruya con más facilidad. La inserción de las células madre sanas lo que causan es que una médula ósea sana comience a construirse. Las células madres pueden ser de algún familiar o de tu propio cuerpo.

Como pueden ver, existen casos en donde algunos tratamientos se combinan, con el fin de que las células cancerígenas de la leucemia se destruyan en su totalidad, evitando que el sistema nervioso central se vea expuesto ante un daño. La eficacia de cualquiera de estos tratamientos dependerá de la edad del paciente, de su perseverancia y de la evolución del cáncer.

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