Síntomas de la hernia discal

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Introducción

Una hernia discal, tal como nos lo indica su nombre, es una hernia que aparece en los discos de nuestra columna vertebral. En sí, estamos hablando de un problema que surge en esas almohadillas de textura suave que se encuentra en cada hueso. En conjunto, cada una de estas piezas, apiladas y formadas, conforma lo que se conoce como la columna vertebral.

Estas almohadillas, mejor conocidas como discos vertebrales, se caracterizan por tener una textura similar a lo que es una gelatina pequeña, con un núcleo mucho más blando y una capa protectora sólida. Lo ideal es que todos los discos que conforman una columna vertebral se encuentren con el revestimiento intacto y el centro protegido, por lo que cuando ocurre una hernia discal es sinónimo de un problema a nivel discal.

La hernia de disco surge cuando el centro blando del disco pasa a través de una grieta formada en la zona y se escurre hacia la parte del revestimiento. Cuando esto ocurre, se generan ciertas consecuencias, en donde la irritación de los nervios cercanos es una de las principales. Esto, a su vez, causa una diversidad de síntomas en donde el dolor tiende a ser el principal. Sin embargo, es importante mencionar que no en todas las ocasiones surgen síntomas, por lo que una persona puede tener una hernia discal y no saberlo.

Síntomas de la hernia discal

Como mencionábamos, la hernia discal es capaz d producir síntomas en la mayoría de las ocasiones, aunque en algunos casos un individuo no presenta ningún tipo de signo. De forma general, este tipo de hernia tiende a aparecer en la base de la espalda; es decir, en la parte baja de la misma, mejor conocida como columna lumbar. No obstante, en algunas ocasiones puede producirse en la columna cervical, la cual es aquella que se encuentra a nivel del cuello.

Es de suma importancia que una persona sana conozca los síntomas que se presentan cuando surge una hernia discal, sobretodo porque la misma debe diagnosticarse de forma precoz con el fin de establecer un tratamiento para la mejor de los síntomas.

Los principales síntomas de la hernia discal, son los siguientes:

Dolor

Como habíamos mencionado, el dolor es uno de los principales síntomas que aparecen cuando una hernia discal se encuentra en el cuerpo. Este dolor va a variar dependiendo de la zona en la cual se encuentra la herida, por lo que si hablamos de una hernia discal en la zona de la espalda baja, entonces el dolor tiende a englobar dicha zona, los glúteos, los muslos y parte de las pantorrillas. En casos más extremos, el dolor puede agudizarse y atacar los pies.

Si por el contrario, estamos hablando de una hernia discal que ataca la cervical, entonces los síntomas serán más intensos en zonas cercanas a la misma, englobando los hombros, el cuello, la cabeza, los brazos y parte de la espalda alta. Además, en estos casos existe una peculiaridad que radica en el hecho de que si una persona tose, estornuda o ríe muy fuerte, el dolor comienza a avanzar por toda la columna vertebral.

Inflamación

En múltiples ocasiones ocurre que la zona de la espalda en la cual se encuentre la hernia discal, tiende a observarse inflamada y el dolor se concentra en dicha zona. Este es otro de los principales síntomas, aunque no en todas las ocasiones ocurre.

Entumecimiento u hormigueo

Cuando la hernia discal comienza a expulsar su centro hacia la parte del revestimiento, los nervios cercanos a dicha zona comienzan a verse irritados. Mientras más núcleo surja a través de esta zona, más irritados se verán estos nervios. Esta irritación es la que causa que ciertas zonas del cuerpo se comiencen a entumecer, por lo general zonas cercanas a donde posiblemente se encuentre la hernia. Además, el hormigueo también se siente muy cerca, incluso en zonas en donde los nervios se ven directamente atacados.

Debilidad

Al irritarse ciertos nervios, la movilidad muscular tiende a verse afectada y en muchos casos el individuo se comienza a debilitar. La debilidad puede verse ocasionada en ciertas ocasiones sin avisar, por lo que los afectados tienden a tropezar con frecuencia, o no logran levantarse de alguna silla por falta de movilidad muscular. En casos más extremos, la movilidad de las manos se ve afectada, por lo que sostener objetos se vuelve difícil.

Estos síntomas pueden variar en intensidad, sobretodo porque los dolores de espalda tienden a confundirse con otras patologías más leves. Sin embargo, es sumamente importante que una persona recurra a un médico siempre que los dolores comiencen a desplazarse a través de su cuerpo, además de que el entumecimiento tiende a ser uno de los síntomas más relevantes de esta condición.

¿Qué causa una hernia discal?

Una hernia discal es una condición muy común que afecta a un gran número de personas alrededor de todo el mundo, en donde por lo general son adultos mayores quienes se ven afectados por la misma. En sí, lo que ocurre es que cuando un individuo crece y pasan los años, sus discos comienzan a desgastarse de forma gradual y lenta, pasando por un proceso denominado actualmente como degeneración de los discos.

Lo que sucede es que mientras una persona comienza a envejecer, sus discos comienzan a perder ciertos elementos, lo que causa que no resulten ser tan elásticos como antes. Cuando un disco deja de ser flexible, y recibe movilidad de forma común, esto causa que se vuelva propenso a roturas. Cuando estas roturas ocurren, se genera entonces la hernia discal.

En muchos de los casos en donde la edad no está relacionada, es difícil establecer una causa para este problema. Sin embargo, suele a ser asociada con el uso frecuente de los músculos de la espalda, cuando deberían ponerse a funcionar en mayor medida los músculos de las piernas. Por ello, cuando un individuo carga peso, suele hablarse de una hernia discal como consecuencia.

Además de estas causas, existen también algunos factores que son capaces de aumentar las posibilidades de desarrollar una hernia discal. Estos factores, cuando se combinan, tienden a aumentar el doble las posibilidades, por lo que es importante tenerlos en cuenta con el fin de evitarlos. Los principales factores de riesgo de la hernia discal, son los siguientes:

  1. El peso. Cuando una persona cuenta con un peso mayor al indicado para su estatura, y sobretodo en caso de obesidad, el riesgo de desarrollar una hernia discal tiende a aumentar de forma considerable. Esto ocurre porque se genera una presión extra en la zona de los discos.
  2. Profesión. Cuando una persona cuenta con una profesión que coloca en movilidad la espalda y el cuerpo en general de una persona, esto tiende a generar un desgaste en los discos de la columna.  Sin embargo, no se trata sólo de aquellas personas que generen presión en su espalda por exceso de movilidad, sino también de aquellas que se mantienen rectos sentados durante horas prolongadas. Todos estos elementos generan que las probabilidades de desarrollar una hernia discal, aumenten.
  3. Genética. Si bien la hernia discal no es en lo absoluto una condición hereditaria, se han realizado algunos estudios que en teoría suponen que existe cierta predisposición genética a desarrollar una hernia discal.

¿Cómo se diagnostica la hernia discal?

Siempre que se tengan síntomas y un individuo se dirija hacia el médico profesional, en este caso un traumatólogo, es necesario que el mismo realice un chequeo exploratorio físico en donde observe con detalle la espalda del afectado, y las zonas cercanas para observar si algún nervio se encuentra atrapado entre los discos. Además, deberá analizar todos y cada uno de tus síntomas y establecer una historia clínica.

Forma parte del chequeo físico que el paciente se encuentre acostado y logre movilizar sus piernas. Esto ayudará al profesional a establecer un punto sensible en donde pueda observar con más detalle. Además, en el diagnóstico también se realiza una prueba neurológica con el fin de observar algunos detalles del paciente, como por ejemplo, cómo se encuentran sus reflejos, su capacidad para caminar, sentir toques y responder ante pinchazos repentinos.

En la gran mayoría de estos casos, con lo anterior tiende a ser suficiente para diagnosticar la hernia discal. No obstante, en ocasiones los médicos no se sienten completamente seguros de ello por lo que establecen una o dos pruebas extra con el fin de generar el diagnóstico certero. Dentro de estas pruebas destacan las siguientes:

  1. Radiografías. Las radiografías son una prueba por imágenes que ayudan a observar a detalle los huesos. Si bien no son precisamente las más eficaces a la hora de observar hernias discales, las mismas ayudan a que se descarten algunas otras patologías que puedan estar ocasionando los dolores en la espalda. Dentro de estas patologías se encuentran alguna fractura de hueso y un tumor.
  2. Tomografía computarizada (TC). La tomografía computarizada es una prueba en donde se observa la espalda con más detalle y desde diferentes ángulos, observando así toda la estructura de la columna vertebral.
  3. Resonancia magnética (RM). Esta prueba ofrece respuestas aún más eficaces que las pruebas anteriores, sobretodo porque logra generar una serie de imágenes de toda la zona interna del cuerpo, desde el cerebro hasta la punta de los pies. Esta es una de las pruebas más certeras a la hora de diagnosticar la hernia discal, sobretodo porque muestra la zona exacta en la cual se ubica y los nervios que se encuentren dañados por la misma.
  4. Mielografía. La mielografía es una prueba que se basa en la realización de radiografías luego de haberse inyectado un tinte en lo que es el líquido cefalorraquídeo del organismo. Esto ayuda a mostrar ciertas estructuras con más detalle.

Tratamiento de la hernia discal

Luego de haberse realizado el diagnóstico y de haber establecido el lugar exacto en el cual se encuentra, el médico deberá establecer el mejor método de tratamiento para reducir los síntomas. Esto puede comenzar con la ingesta de medicamentos que ayuden a aliviar los dolores y la inflamación, de haberse generado.

Dentro de los principales métodos a recetar en caso de hernia discal, se halan los siguientes:

  1. Analgésicos. Por lo general, los analgésicos son de venta libre por lo que no siempre deben ser recetados por el médico para poder obtenerlos. Estos se encargan de aliviar todos los dolores y vienen en diferentes presentaciones, dependiendo de la intensidad del dolor.
  2. Narcóticos. Los narcóticos son medicamentos más fuertes que deben ser recetados por un médico para que puedan ser vendidos en las farmacias. Por lo general, estos se recetan cuando los analgésicos no generan ningún síntoma de mejora y deben ser ingeridos o administrados por periodos breves de tiempo.
  3. Anticonvulsivos. A pesar de que estos medicamentos tienen una función principal, los mismos también tienden a ayudar en el tratamiento contra la hernia discal y sus síntomas. Deben ser recetados por el médico.
  4. Relajantes musculares. Los relajantes musculares son medicamentos especiales con el fin de reducir muchos de los síntomas y relajar los músculos que se encuentren tensos por la hernia discal.
  5. Inyecciones de cortisona. Estas inyecciones ayudan considerablemente cuando existe inflamación, y suelen ser inyectadas directamente en la zona que se encuentra alrededor de os nervios raquídeos.
  6. Terapia. Si con los medicamentos no tienden a mejorarse los síntomas, es necesario que se comiencen terapias exclusivas que ayuden a sanar los síntomas y a reducir la inflamación. Esto debe ser realizado conjunto a un fisioterapeuta.
  7. Cirugía. Cuando ninguno de los métodos anteriores reflejan mejora, el médico tiende a ofrecer una disectomía como el mejor tratamiento. Esta cirugía consiste en extraer la parte saliente del disco afectado, a menos de que la zona afectada ya sea demasiado grande y tiende a extraerse el disco completo.

¿La hernia de disco se puede prevenir?

Es difícil establecer un método de prevención que sea completamente seguro. Sin embargo, los profesionales han establecido una serie de medidas que pueden llevarse a cabo con el fin de reducir el riesgo de desarrollar una hernia de disco.

Las medidas preventivas de la hernia discal, son las siguientes:

  1. Realizar ejercicios de forma regular. Es necesario que todos los músculos de la zona de la espada se fortalezcan, lo que se logra gracias a una rutina de ejercicios que se realice de forma constante.
  2. Mantén siempre una buena postura. Es necesario que se mantenga la espalda de forma recta en todo momento, ya que esto reduce considerablemente toda la tensión de la columna vertebral y de los discos.
  3. Mantén un peso saludable para tu cuerpo. Consulta con un nutricionista y establece una dieta balanceada que te mantenga en el peso correcto, con el fin de evitar sobrepeso y presión en la zona de la espalda.

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