Síntomas de la hepatitis C

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Introducción

La hepatitis C es una enfermedad viral muy conocida actualmente, sobretodo por la cantidad de personas afectadas por la misma. Esta infección es causada por un virus (VHC) y suele propagarse a través de la sangre, por lo que se considera una enfermedad contagiosa. Si la hepatitis C no tiende a tratarse rápidamente, la misma es capaz de causar daño hepático grave, sobretodo porque en sí, la infección causa que el hígado comience a inflamarse de forma gradual.

El tratamiento para la hepatitis C no tiende a ser complicado, ya que el mismo ha ido evolucionando con los años. En épocas anteriores, estos medicamentos solían ser tediosos e interferían con algunas enfermedades que podían tener los afectados, por lo que ocurrían severas complicaciones. Hoy en día, esto ha ido mejorado en gran medida, por lo que actualmente este tratamiento se adapta a diferentes individuos y suele englobar medicamentos orales.

A pesar de que esta enfermedad tiende a ser crónica y genera síntomas en un gran número de los casos, también se observan casos en donde los individuos afectados no tienen idea de que están infectados. En estos casos, los síntomas pueden aparecer luego de más de diez años con el virus en el organismo. Partiendo de este hecho y tratándose de una enfermedad contagiosa, se recomienda la realización de exámenes de sangre generales en donde se observen infecciones de este tipo y similares, por lo menos una vez al año.

Síntomas de la hepatitis C

Como decíamos, algunas personas tienden a no mostrar síntomas a la hora de presentar una infección de este tipo, sobretodo cuando la hepatitis C se considera crónica. Esta es aquella que tiende a durar años en el organismo y puede ser silenciosa. En estos casos, la enfermedad comienza a mostrar síntomas siempre que el hígado ya esté dañado en gran medida.

Los principales síntomas de la hepatitis C, son los siguientes:

Sangrado con facilidad

Este es uno de los síntomas más relevantes de la enfermedad, sobretodo porque el sangrado puede aparecer de forma repentina y surge con más facilidad de la normal.

Hematomas

Por otro lado, en la piel de los afectados con esta infección tienden a observarse una serie de hematomas de diferentes tamaños, en donde por lo general aparecen de forma repentina.

Fatiga

La fatiga es uno de los síntomas más relevantes de la hepatitis C, sobretodo porque se vuelve crónica en diferentes casos. Este síntoma es capaz de evolucionar hasta generar un cuadro de debilidad crónico en donde el afectado no puede ni sostener un vaso.

Falta de apetito

La falta de apetito es un síntoma muy común en todas aquellas personas con hepatitis C, sobretodo en los casos de una hepatitis que lleva un tiempo prolongado en el organismo. A su vez, este síntoma genera otro: la pérdida de peso. Esta pérdida de peso puede observarse de forma gradual hasta haber alcanzo un nivel drástico.

Ictericia

La ictericia es una condición en donde el afectado tiende a desarrollar una coloración amarillenta en diferentes zonas del cuerpo, como la piel y los ojos.

Color oscuro al orinar

En la mayoría de los casos de hepatitis C, los individuos tienden a mostrar modificaciones en su orina, en donde el signo más relevante tiende a ser el color e la misma. Esta tiende a observarse oscura durante un tiempo.

Picazón en la piel

De forma común, en muchos individuos tiende a desarrollarse una picazón relevante en la piel de los mismos, sobretodo durante el día. Este síntoma no siempre ataca a todos los afectados.

Ascitis

La ascitis es una condición en la cual se observa cierta cantidad de líquido en el abdomen. Este síntoma puede aparecer de forma repentina y es observable en individuos afectados cuyo cuerpo se caracteriza por ser delgado.

Otros síntomas

Además de los anteriores, también ocurren otros síntomas, algunos más graves que otros, en donde la encefalopatía hepática suele destacar y ocurre con un cuadro de desorientación, balbuceo y somnolencia en todos aquellos individuos afectados por la misma. Además, también se pueden observar otros síntomas más leves, como inflamación en las piernas y angiomas aracniformes.

En la mayoría de los casos, la hepatitis C comienza con una fase aguda que se caracteriza por ser leve, por lo que la cantidad de síntomas que se muestran pueden ser nulos. Esto genera que los afectados no sepan que están infectados con el virus de la hepatitis C y puedan infectar a otros individuos sanos. Cuando la enfermedad comienza a mostrar síntomas como los que hemos mencionado, esto quiere decir que ha entrado en una fase crónica. Sin embargo, esto no ocurre en todas las ocasiones, por lo que una hepatitis C aguda puede no evolucionar a una crónica.

Causas de la hepatitis C

Como ya hemos mencionado con anterioridad, la causa de esta enfermedad es el virus de la hepatitis C, y al mismo tiempo, este virus tiende a encontrarse en distintos organismos que pueden contagiar a personas sanas. Este virus se propaga a través de la sangre y es capaz de mantenerse en el torrente sanguíneo por un tiempo indefinido. A su vez, esta enfermedad se divide en diferentes subtipos, de los cuales depende el tratamiento a establecerse.

A su vez, existen una serie de factores que aumentan las probabilidades de contraer una infección por el virus de la hepatitis C. Los principales factores de riesgo, son los siguientes:

  1. Trabajar en centros de salud. Siempre que una persona se encuentre trabajando en un ambiente en donde se maneje sangre, el riesgo de contraer la hepatitis C tiende a aumentar considerablemente. Es importante tener esto en cuenta para así evitar contacto con sangre de pacientes.
  2. Drogas. Muchas drogas se colocan a través de una inyección. En estos casos, el riesgo aumenta ya que a través de las inyectadotas se puede contraer el virus de la hepatitis C,
  3. Tener VIH. El hecho de tener VIH aumenta de forma considerable las posibilidades de contraer la hepatitis C. En estos casos se recomienda realizar una prueba para descartar.
  4. Otros factores: existen otros factores que también aumentan las posibilidades de riesgo de contraer una hepatitis C, en donde haberse realizado tatuajes en lugares inseguros y haber recibido una transfusión de sangre, destacan.

Diagnóstico de la hepatitis C

Una vez que una vez persona entienda sus síntomas y busque ayuda médico, el profesional deberá realizar un análisis de dichos síntomas y deberá realizar un chequeo exploratorio del paciente con el fin de descartar otras patologías. De sospecharse la enfermedad, se deberá realizar un análisis de sangre específico por medio del cual se puede diagnosticar la enfermedad.

Ahora bien, además de realizar la prueba basándose en algunos síntomas, miles de personas alrededor del mundo optan por realizársela, sobretodo porque esta infección es altamente contagiosa y la poseen un gran número de individuos. Partiendo de este hecho, se recomienda entonces realizar una prueba de hepatitis C a todas aquellas personas que en algún momento de sus vidas hayan utilizado drogas con jeringas, hayan manipulado sangre ajena, trabajen en centros de salud, en bebés cuya madre padezca la enfermedad, en personas que cuentan con un gran número de parejas sexuales y que no utilicen protección, en personas con VIH y en cualquier persona que haya estado en prisión.

Es de suma importancia que todos estos individuos se realicen esta prueba con el fin de determinar de forma precoz la enfermedad y se tomen las medidas respectivas para evitar más contagios y/o complicaciones.

Tratamiento para la hepatitis C

Una vez se haya visitado al médico y se haya podido diagnosticar la enfermedad, el profesional deberá establecer de forma inmediata un tratamiento eficaz que reduzca los síntoma y evite complicaciones. Lamentablemente, al tratarse de un virus y no de una bacteria, la enfermedad no puede ser tratada a base de antibióticos, y hasta hace pocos años el tratamiento no estaba del todo establecido. Sin embargo, hoy en día, tras largos estudios exhaustivos realizados con el fin de buscar mejoras en los pacientes con esta infección, se han encontrado mejores resultados partiendo de algunos medicamentos.

Estos son medicamentos antivirales que ayudan a reducir muchos de los síntomas, sobretodo si se les combinan con otras medicamentos más específicos. En algunas ocasiones, dependiendo del tipo de paciente y de su edad, estos medicamentos tienden a producir efectos secundarios, aunque tras la mejora en el tratamiento, esto se ha reducido en gran medida. Partiendo de esta información, el tiempo del tratamiento también se ha reducido, siempre y cuando el médico controle el avance de la enfermedad.

Ahora bien, si estos medicamentos no han surgido efecto y las complicaciones ya han llegado a atacar el hígado, se habla entonces de un transplante de hígado. Este proceso se lleva a cabo cuando este órgano se encuentra muy dañado y lo sustituye con otro que se encuentre sano. Pese a esta operación, lamentablemente la misma no asegura que la infección no volverá, por lo que en algunos casos la enfermedad se reanuda y se requiere de medicamentos antivirales para tratarla.

Por otro lado, a pesar de que originalmente no existe una vacuna para la hepatitis C, algunos médicos tienden a recomendar la colocación de las vacunas de la hepatitis A y de la hepatitis B. Si bien no pueden prevenir la hepatitis C, pueden ayudar a aminorar los síntomas y su ataque.

Recomendaciones ante la hepatitis C

Además de llevar a cabo un tratamiento proporcionado por el profesional, existen también algunas reglas que deben llevarse a cabo con el fin de buscar mejoras de forma más rápida, además de que estas medidas aseguran mantener el cuerpo sano por más tiempo del normal y al mismo tiempo evitan contagios.

Las recomendaciones ante la hepatitis C, son las siguientes:

  1. Evita totalmente la ingesta de alcohol. El hecho de ingerir alcohol mientras se está padeciendo la hepatitis C, es sinónimo de un empeoramiento considerable, además de que el mismo ayuda a que la enfermedad avance rápidamente.
  2. Evita ciertos medicamentos. Es importante que consultes con un profesional sobre cualquier medicina que estés tomando, sobretodo porque debes evitar aquellas que causan daños a nivel del hígado. En este grupo se incluyen medicamentos de venta libres o medicamentos naturales, por lo que es necesario que los estudies todos.
  3. Evita contagios. Es importante que tengas presente que tienes una enfermedad infecciosa que se contagia fácilmente a través de la sangre, por lo que debes evitar compartir objetos personales con personas sanas o mantener heridas abiertas expuestas a su toque. Evita compartir desde afeitadoras, hasta cepillos de diente. Además, si tienes una pareja, infórmale lo que ocurre y tomen precauciones al mantener relaciones sexuales. Es importante usar preservativos.

Complicaciones de la hepatitis C

A lo largo de todo el artículo hemos hablado de complicaciones que es imprescindible evitar, pero aún no hemos llegado a explotarlas una por una. Por ello, a continuación ofrecemos un bloque dedicado a todas las complicaciones que pueden aparecer siempre que la hepatitis C no sea tratada a tiempo:

  1. Fibrosis de hígado. Esta complicación, mejor conocida como cirrosis si se le deja pasar el tiempo, es capaz de surgir tras pasar más de dos décadas por el virus de la hepatitis C en el organismo.
  2. Cáncer de hígado. El cáncer de hígado es otra de las complicaciones más comunes a la hora de tener hepatitis C, sobretodo cuando la enfermedad ha avanzado durante más de tres décadas en el organismo.
  3. Insuficiencia hepática. Cuando la cirrosis ya ha avanzado en gran medida, el hígado deja de funcionar en su totalidad.

Prevención de la hepatitis C

Lamentablemente, como ya hemos mencionado, no existe una vacuna contra la hepatitis C. Sin embargo, al conocer los factores de riesgo de la misma y los métodos de contagio, se puede establecer un modo de prevención que si bien no asegura al 100% que ocurra la infección, las probabilidades disminuyen considerablemente.

Dentro de las principales medidas preventivas existentes contra la hepatitis C, se encuentra el hecho de no consumir drogas, sobretodo si las mismas son inyectables. Además, es necesario tener cuidado a la hora de realizar alguna perforación o tatuaje en tu cuerpo. De querer realizarlo, busca lugares limpios en donde utilicen agujas nuevas y estériles que no fomenten ningún tipo de contagio.

Por último, de no contar con una pareja sexual segura, es importante que tengas relaciones íntimas con protección en todo momento, ya que si bien el riesgo es menor en estos casos, las probabilidad siguen estando presentes.

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