Síntomas de la enfermedad inflamatoria pélvica

By |

Introducción

La enfermedad inflamatoria pélvica, mejor conocida como EIP por sus siglas, no es más que una enfermedad que ataca directamente a las mujeres, tras una infección directa en sus órganos reproductores superiores, en donde las zonas más atacadas son el útero, las trompas de Falopio y los ovarios. En algunos casos se observa que la infección se alarga hacia otras zonas pélvicas y abdominales. Por lo general, este tipo de infección no aparece de la nada, sino que en casi todos los casos forma parte de una complicación según alguna enfermedad de trasmisión sexual (ETS), en donde comúnmente se habla de la clamidia y la gonorrea.

Es decir, estas ETS son aquellas que generan como complicación más común, la enfermedad inflamatoria pélvica, siempre y cuando las enfermedades no sean tratadas de forma correcta en la zona en donde comienzan. En pocas palabras, si la clamidia o la gonorrea no se tratan antes de que las mismas se extiendan, la infección sale de su zona de confort y se dirige hacia los órganos internos superiores reproductivos.

Esta infección es capaz de afectar a un número de personas alrededor del todo mundo, específicamente mujeres cuyas edades varían entre los veinte y los treinta  y cinco años de edad, o bien, a cualquier mujer activa sexualmente que no se proteja mientras mantiene relaciones sexuales.

La EIP suele mostrar una serie de síntomas una vez que la infección ya haya avanzado en gran medida, sobretodo porque al comienzo es difícil de diagnosticar a menos de que sea a través de un chequeo de rutina. Esto se debe a que la enfermedad inflamatoria pélvica no suele mostrar síntomas iniciales, lo que genera que se considere una enfermedad silenciosa.

¿Cuáles son las causas de la enfermedad inflamatoria pélvica?

Es bien sabido que la vagina es una zona del cuerpo humano especial en las mujeres que se caracteriza por refugiar un gran número de bacterias. Sin embargo, las zonas del sistema reproductivo, específicamente los órganos como el útero, los ovarios y las trompas de Falopio, se encuentran siempre libres de bacterias o gérmenes, por lo que se consideran zonas sanas y estériles. Esto se debe a que la flora bacteriana que se encuentra en la vagina, forma una barrera protectora que ayuda a que estas zonas antes mencionadas, no sean llamativas para las bacterias, lo que genera que los órganos reproductivos femeninos se observen siempre con un riesgo muy bajo de infección.

Sin embargo, cuando existe un problema externo, como lo es una enfermedad de transmisión sexual, existe en el organismo una bacteria que es capaz de llegar hasta esta zona, infectando estos órganos. Las bacterias que por lo general causan la EIP, suelen ser la Neisseria gonorrhoeae y la Chlamydia trachomatis, las cuales se transmiten de forma sexual.

Sin embargo, no en todos los casos en donde existe alguna de estas ETS se genera la enfermedad inflamatoria pélvica, ya que siempre y cuando la clamidia o la gonorrea se traten de inmediato, la infección puede mantenerse en su sitio y  no dirigirse hacia los órganos reproductivos superiores. Por otro lado, es importante mencionar que cuando una persona sufre de la enfermedad inflamatoria pélvica por la gonorrea, suele ser más peligrosa, aunque aquella que surge por clamidia, es la más común.

Factores de riesgo de la enfermedad inflamatoria pélvica

Además de las causas antes mencionadas, también existen una serie de factores que aumentan las posibilidades de desarrollar la EIP. Los factores de riesgo de la enfermedad inflamatoria pélvica, son los siguientes:

  • Ser una mujer activa sexualmente. Este factor de riesgo es importante desarrollarlo, ya que no todas las mujeres sexualmente activas tienen riesgo de contraer esta infección, sino aquellas que cuentan con más de un compañero sexual y falta de protección. El riesgo disminuye en mujer con una pareja sexual de años, aunque no desaparece, ya que si el hombre comete infidelidad y no se protege, puede infectar a la mujer con alguna de las ETS.
  • Ya haber tenido una EIP. Si una mujer ya ha sufrido una enfermedad inflamatoria pélvica, la misma debe tener en cuenta que esto puede volver a ocurrir, ya que el organismo no se vuelve inmune a la infección.
  • La edad. Si bien cualquier mujer puede contraer la enfermedad, aquellas que comienzan a temprana edad su vida sexual (quince años), y aquellas que se mantienen promiscuas a los treinta, tienen más riesgo de contraer una EIP.
  • Ducha vaginal. El hecho de realizar una ducha vaginal es un proceso que a pesar de limpiar la zona, lo que hace es empujar hacia el interior de la vagina todas aquellas bacterias y gérmenes que se encuentren en esta zona.

Síntomas de la enfermedad inflamatoria pélvica

Como habíamos mencionado, la enfermedad inflamatoria pélvica puede no mostrar ningún síntoma en su comienzo, por lo que se habla de una enfermedad asintomática al comienzo. Sin embargo, cuando ya la infección ha avanzado, la enfermedad se vuelve crónica y la misma comienza a mostrar una serie de síntomas, dependiendo de la bacteria que la causa.

Por lo general, vamos a dividir los síntomas de la enfermedad inflamatoria pélvica partiendo de la bacteria causal, en donde la Neisseria gonorrhoeae es la causal común de la enfermedad inflamatoria pélvica aguda y sintomática, y la Chlamydia trachomatis, es la causal de la enfermedad inflamatoria pélvica subclínica.

Los principales síntomas de la enfermedad inflamatoria pélvica, son los siguientes:

Síntomas de la enfermedad inflamatoria pélvica aguda y sintomática

En el caso de la enfermedad inflamatoria pélvica aguda y sintomática, los síntomas suelen ser muy peculiares y relevantes, por lo que generan que la atención de la mujer afectada sea tomada. Los síntomas son los siguientes:

  • Dolor repentino. Ocurre que un dolor, tanto abdominal como pélvicos, o uno de ambos, comience de forma repentina con mucha intensidad, cuya gravedad puede variar dependiendo del estado de salud y e actividad de la mujer en cuestión. Sin embargo, de forma común el dolor empeora durante las relaciones sexuales o durante la menstruación.
  • Flujo vaginal fuerte. El flujo vaginal suele observarse de un color fuerte, variando entre amarillo y verdoso, y se caracteriza por mostrar un olor desagradable.
  • Sangrado vaginal. En ocasiones ocurre que la mujer comienza a sangrar en periodos de tiempo alejados de su menstruación, especialmente luego de haber tenido relaciones sexuales.
  • Menstruación irregular. Cuando la infección ya ha avanzado, ocurre que la mujer empieza a tener problemas con su menstruación, en donde las mismas pueden no aparecer durante algunos meses o durar pocos días.
  • Disuria. La disuria es el dolor que se presenta a la hora de orinar y suele llegar a ser intenso, imposibilitando a la mujer a la hora de orinar.
  • Fiebre. La fiebre, al tratarse de una infección vaginal, es capaz de ir más allá de los 38º.
  • Dolor tras examen ginecológico. Este dolor es capaz de aparecer durante y después del examen ginecológico que una mujer se esté realizando bien sea por los síntomas o por un chequeo rutinario.

Síntomas de la enfermedad inflamatoria pélvica subclínica o crónica

En el caso de la enfermedad inflamatoria pélvica subclínica o crónica, los síntomas suelen ser más leves y sutiles, en donde también surgen dolores pero más tolerables y con menor intensidad y frecuencia, además de que no se presenta fiebre y el flujo suele ser menos relevante. Estos casos suelen ser más comunes que los anteriores, sin embargo, esto no quiere decir que la infección sea inofensiva, ya que es capaz de generar serias complicaciones.

Por lo general, el peor síntoma suele ser la infertilidad, siendo este el que indica a la mujer con la infección que la tiene.

Partiendo de estos síntomas, es necesario que la paciente visite de forma inmediata a su ginecólogo cuando la misma comience a sentir dolores abdominales, sobretodo en la parte inferior del mismo. Además, ocurre también que se presenten algunos casos de fiebre y un flujo vaginal con variables. Si estos síntomas comienzan de forma leve, y persisten, es imprescindible visitar a un médico, ya que las consecuencias pueden acabar en una infertilidad permanente.

Diagnóstico de la EIP

Para poder realizar un diagnóstico certero sobre la enfermedad inflamatoria pélvica, es necesario realizar una visita médica directamente con el ginecólogo, con el fin de que el mismo realice una serie de preguntas, analice los síntomas que se estén llevando a cabo y haga un chequeo exploratorio físico. Además, la paciente deberá informar al médico sobre sus parejas sexuales e indicarle si la misma ha estado utilizando protección con las mismas.  Ten en cuenta que los médicos son profesionales y no juzgarán tu situación, sino que buscarán la mejor forma de ayudarte.

Por otro lado, el chequeo físico requiere de un examen pélvico en donde el médico deberá analizar la zona afectada y sus alrededores, descartando otras patologías, como el cáncer. Además de esto, también debe analizarse el flujo vaginal por medio de un estudio de laboratorio y realizar pruebas de orina.

Si aún con lo anterior no se ha logrado establecer un diagnóstico certero, se habla entonces de la realización de otras pruebas en donde se solicite análisis de ETS y una ecografía, en donde se utilicen ondas sonoras que muestran el estado de los genitales con más detalle. Y, de ser requerido, se establece la realización de una laparoscopia, un proceso por medio del cual se observan los órganos de la pelvis de cerca gracias a un instrumento sumamente delgado y con luz.

¿Cómo se debe tratar la enfermedad inflamatoria pélvica?

Una vez se haya diagnosticado la EIP, se debe entonces establecer rápidamente una serie de medicamentos que engloben un tratamiento que ayude a calmar los síntomas. El tratamiento común de la enfermedad inflamatoria pélvica, engloba lo siguiente:

  1. Antibióticos. Los antibióticos son los principales medicamentos que deben ser recetados a la hora de una enfermedad inflamatoria pélvica, ya que lo ideal es eliminar la bacteria causal y disminuir los síntomas causados por la infección. Por lo general, no se trata de sólo uno de ellos, sino de una combinación de antibióticos que debes ser administrados de forma inmediata una vez se haya diagnosticado la EIP. Estos dependerán de la causa de la enfermedad, es decir, del tipo de bacteria que la esté causando. Estos suelen caracterizarse por ofrecer resultados en poco tiempo, lo que genera que muchas mujeres dejen de ingerirlos por ello. Este suele ser un error ya que para evitar complicaciones y eliminar por completo los síntomas, el tratamiento debe ser realizado de forma precisa.
  2. Tratamiento para tu pareja. Es necesario que la pareja sexual de la mujer también reciba un tratamiento preventivo en contra de infecciones de transmisión sexual, sobretodo para evitar una recaída en la mujer. Es importante, además, que ambos se realicen chequeos y análisis de forma semestral con el fin de evitar contagios indeseados.
  3. Abstinencia temporal. Es completamente necesario que la mujer se encuentre en abstinencia durante el tratamiento e incluso algunos días después de que el mismo haya finalizado, con el fin de que se realicen pruebas que indiquen que la infección ha cesado.

Es muy común que la mayoría de las mujeres con la EIP requieran de un tratamiento poco invasivo y completamente ambulatorio. Sin embargo, es importante tener en cuenta los riesgos si se trata de una mujer embarazada.

¿La enfermedad inflamatoria pélvica se puede prevenir?

Al tratarse de una enfermedad que parte de bacterias por enfermedades de transmisión sexual, se dice que esta infección puede prevenirse siempre y cuando se lleven a cabo algunas recomendaciones, en donde destacan las siguientes:

  • Utiliza preservativos. El uso de preservativos no sólo asegura el hecho de evitar un embarazo, sino también protege de ETS, y es recomendable en todas aquellas personas que cambian regularmente sus parejas sexuales.
  • Realízate análisis de ETS de forma regular. Si eres una mujer activa sexualmente y no estás del todo segura de la salud sexual de tu pareja actual, debes realizarte chequeos cada tres o seis meses con el fin de evitar enfermedades no deseadas, como la clamidia. No sólo se trata de análisis de sangre, sino también de chequeos con el médico, ya que él podrá observar tus genitales y órganos reproductores.
  • Pide a tu pareja que se realice chequeos. Independientemente de si tu pareja es la única que tienes, debes pedirle que se realice chequeos de sangre de forma regular, sobretodo porque el factor infidelidad es capaz de causar consecuencias como la EIP.
  • Evita las duchas vaginales. Este es uno de los principales factores de riesgo de contraer la enfermedad inflamatoria pélvica, sobretodo porque las mismas son capaces de alterar el equilibrio de las bacterias que se encuentran en la zona de la vagina.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *