Síntomas de la artritis

By | mayo 12, 2018

Introducción

La artritis es una enfermedad en la cual las articulaciones se inflaman. Puede llegar a ser tan sólo una, o más, dependiendo de la zona afectada y de aquello que haya inducido la inflamación. Cuando la artritis comienza, los síntomas no tardan en aparecer, en donde el principal suele ser el dolor en las articulaciones y la rigidez en las mismas.

Esta enfermedad suele ser progresiva, lo que quiere decir que conforme van pasando los años y los individuos afectados crecen en edad, la artritis va empeorando, según sea el tipo. Este tipo de enfermedad consiste en que el cartílago, ese tejido sólido y viscoso, se deteriore hasta romperse. El cartílago cumple la función principal de proteger y cubrir los huesos en donde se forme una articulación.

De los dos tipos de artritis más comunes que existen hoy en día, la artritis reumatoide es la principal y la que más afecta  un gran número de personas en todo el mundo. Este es un trastorno autoinmune en el cual se ve afectada la membrana sinovial de las articulaciones, siendo esta el revestimiento principal que protege la articulación.

Existen otros tipos de artritis que pueden llegar a surgir dependiendo de diversas situaciones y enfermedades, como el ácido úrico y la psoriasis. Cada artritis cuenta con un tipo de tratamiento muy peculiar, que se adapta a cada individuo y a sus necesidades. Hablaremos de esto más adelante.

Tipos de artritis

Como habíamos mencionado, existen dos tipos de artritis principales y muy comunes en miles de personas alrededor de todo el mundo. Es importante destacar que esta enfermedad, a pesar de atacar en mayor medida a las personas mayores de cuarenta años, en realidad existe artritis infantil, lo que quiere decir que cualquier persona se mantiene en riesgo.

Los principales tipos de artritis existen hoy en día, son los siguientes:

Artrosis

La artrosis suele ser el tipo de artritis más frecuente, a pesar de que habíamos comentado que el principal y más común era el reumatoide. Este es aquel que se caracteriza por mostrar un desgaste en los cartílagos de las articulaciones. Una vez que los cartílagos se vean dañados, esto provoca que los huesos se vean comprometidos en el problema y comiencen a desgastarse también. En este punto comienza el dolor y la poca movilidad, según sea la situación.

Este tipo de desgaste puede ocurrir según diversas causas y mantenerse estable durante años, ya que conforme van pasando los años, la artrosis tiende a empeorar, y se acelera si existe de por medio alguna lesión.

Artritis reumatoide

Y por otro lado, hablamos un poco sobre la artritis reumatoide, la cual es aquella que ataca a un gran número de personas en todo el mundo. En esta sucede que el sistema inmune comienza a atacar lo que es la capa protectora de las articulaciones, debilitándola. A esto se le conoce como la membrana sinovial, que ya habíamos mencionado más arriba, y que cuando se ve dañada por el mismo organismo, comienza a inflamarse.

Esto acaba generando que el cartílago se destruya, y por ende, el hueso se vea completamente dañado.

Síntomas de la artritis

La artritis es una enfermedad que genera síntomas desde el primer momento en el cual comienza el daño, por lo que esto genera que un gran número de personas puedan diagnosticar la artritis de forma precoz. Sin embargo, esto no quiere decir que los síntomas van a desaparecer por completo, independientemente del tipo de artritis que se esté padeciendo.

De forma general, se pueden establecer los síntomas principales de la artritis, mismos que se generan en los dos tipos de artritis principales que existen. Los síntomas son los siguientes:

Dolor

El dolor suele ser el síntoma principal de esta enfermedad, ya que incluso sin necesidad de que el hueso se vea dañado, el hecho de que el cartílago comience a debilitarse, hasta romperse, genera una serie de dolores que pueden agravarse según sea el tiempo que se esté viendo afectado.

Los dolores pueden variar en intensidad, dependiendo del cartílago o hueso que se vea dañado, el uso que se le otorgue de forma diaria y el tiempo que haya durado el problema.

Rigidez

Luego de que comiencen los dolores, la rigidez en las zonas afectadas se ve incluida, y puede ir empeorando si no se le trata de la forma correcta. La artritis y la rigidez van siempre de la mano, por lo que se debe tener en cuenta este síntoma a la hora de realizar algún movimiento brusco o intenso.

Hinchazón

La hinchazón puede ocurrir tanto en la articulación y no observarse a simple vista, o puede ser tan intensa que toda la zona afectada se ve inflamada, tanto interna como externamente. Es importante destacar que la hinchazón va de la mano con el dolor.

Enrojecimiento

Si la hinchazón surge hacia la parte exterior del organismo, la misma se ve reflejada tanto con el dolor, como con el enrojecimiento. Este puede durar lo que dure la articulación inflamada, e incluso un poco después de ello.

Disminución de la amplitud del movimiento

Cuando la zona afectada suele ser una extremidad, como las piernas, su movilidad se ve afectada completamente, pudiendo llegar al momento en el cual la pierna no se amplía al dar un paso.

Diagnóstico

Una vez que comiencen los síntomas anteriormente descritos, es necesario visitar a un médico de forma inmediata. Es importante tratar de controlar los síntomas y detenerlos siempre que se pueda, ya que los dolores y el nivel de hinchazón que surgen pueden llegar a interferir de forma directa con la vida diaria del paciente.

Una vez se visite al médico especialista, el mismo deberá realizar una exploración física y observar el problema desde un punto de vista superficial. Cuando se establezca el posible nombre del problema, se procede a realizar diversas pruebas que ayuden a descartar otras patologías y poder diagnosticar de forma certera lo que es la artritis.

Análisis de laboratorio

Los diferentes tipos de análisis de laboratorio pueden ayudar a determinar el tipo de artritis que se esté padeciendo, partiendo de diversos líquidos del cuerpo, esto incluye la orina, la sangre y el líquido sinovial.

Para lograr hacer el examen partiendo del líquido sinovial, este se debe obtener tras una aspiración. Esto consiste en que el especialista limpie la zona inflamada y la insensibilice, con el fin de insertar una aguja para poder obtener la muestra sinovial.

Pruebas de imágenes

Existen diferentes tipos de pruebas que ayudan a que el especialista logre observar a detalle la articulación, o las articulaciones que se ven afectadas. Estas pruebas son las siguientes:

  1. Radiografía. Las radiografías son pruebas de imágenes mediante las cuales se observan los daños ocasionados en el hueso, la cantidad de cartílago perdido y cómo se encuentra la zona de alrededor. Sin embargo, esto no ayuda a ver el daño desde el comienzo, pero ayuda a seguir de cerca la evolución de la enfermedad.
  2. Tomografía computarizada (TC). La tomografía computarizada es un instrumento más evolutivo en donde se pueden ver todas las estructuras sólidas, incluyendo cartílagos y huesos, desde diferentes ángulos con el fin de observar a detalle todo lo que está ocurriendo alrededor del problema principal. Además, no sólo se ven las estructuras sólidas, sino también los tejidos blandos que rodean estos huesos.
  3. Resonancia magnética (RM). La resonancia magnética es una de las mejores y más completas pruebas para observar el cuerpo interno de cada individuo. A través de ella se observa de forma detallada y clara todos los tejidos y estructuras del cuerpo, incluyendo cartílagos, tendones y ligamentos.
  4. Ecografía. La ecografía es una prueba directa que ayuda a que los tejidos blandos se observen a detalle, además de que muestra todas aquellas estructuras del cuerpo que contengan líquido.

Causas de la artritis

A pesar de que esta es una enfermedad muy común, y se han realizado una gran diversidad de estudios partiendo de la misma, hasta ahora no se han podido establecer las causas de la artritis. Incluso, se han llegado a estudiar diversas bacterias y virus que sugieren alguna conexión con la enfermedad, pero que no confirman este hecho, por lo que no pueden asociarse ambas cosas a ciencia cierta.

Sin embargo, partiendo de todos los estudios que se han ido realizando, algunos especialistas han llegado a la conclusión de que el mismo sistema inmune comienza a atacar las articulaciones, por el sólo hecho de no contemplarlas como propias. Pese a esto, también se establecen causas genéticas y hereditarias.

Partiendo del hecho anterior, la artritis es capaz de ser considerada una enfermedad autoinmune.

Factores de riesgo

A pesar de que no existe una causa especialmente establecida para la artritis, existen algunos factores de riesgo que juegan un papel fundamental en este hecho, y son los siguientes:

  1. Antecedentes familiares. Como bien decíamos, se ha llegado a establecer una conexión entre el factor hereditario y la artritis, y es que muchas personas alrededor de todo el mundo que cuenten con padres con artritis, están propensas a padecer de esta enfermedad en algún momento de sus vidas.
  2. Edad. La artritis es una enfermedad que puede aparecer en cualquier momento, como bien decíamos, pero que sin embargo se inclina más por aparecer en personas con edades comprendidas entre treinta y cinco y cuarenta, lo que puede englobar edades posteriores a estas.
  3. Sexo. A pesar de poder afectar tanto a hombres, como a mujeres, estas últimas son las que más riesgo tienen de padecer problemas con las articulaciones.
  4. Lesiones articulares anteriores. Todas aquellas personas que hayan sufrido de algún tipo de problema o lesión articular, están propensas a sufrir de artritis en cualquier momento de sus vidas. Esto se debe a que el cartílago que protege el hueso ya se ve debilitado dependiendo del nivel de la lesión y de cómo sea tratada la misma.
  5. Obesidad. Si bien el peso no es una causa patentada ni establecida por ninguna persona, cuando existe un peso fuera de lo normal, esto genera que las articulaciones realicen un extra de fuerza. En estas ocasiones, cuando la artritis generalmente aparece en persona con sobrepeso, el problema se afianza en las rodillas y en las caderas.

Todos estos factores de riesgo se han visto previamente estudiados y evaluados por diversos especialistas en la materia y cada uno de ellos cuenta con un grado de peligrosidad que afecta a las articulaciones.

Complicaciones de la artritis

Al tratarse de una enfermedad que ataca a las articulaciones, la misma trae consigo una serie de complicaciones que dependen del sitio en el cual se haya establecido la enfermedad.

De forma general, cuando la artritis es demasiado grave, es capaz de afectar tanto las manos como los brazos de cada persona, lo que acaba causando mucha dificultad para utilizar estas extremidades y, por ende, no permite realizar las tareas comunes del día a día. Si por el contrario, la artritis está establecida en las piernas, esto acaba causando dificultad para caminar, agacharse o flexionar las rodillas en cualquier otra situación. En casos más graves, las articulaciones acaban por deformarse, torciéndose a direcciones poco saludables.

¿Cómo se puede tratar la artritis?

La idea de establecer un tratamiento para la artritis, como hemos venido mencionado más arriba, es con el fin de aliviar los síntomas en la mayor medida posible, dependiendo esto del tipo de artritis que se esté padeciendo y de su intensidad. Cada paciente va a tener su tratamiento individual, el cual puede constar de un solo tratamiento o de distintos métodos combinados.

Los principales tratamientos para la artritis, engloban lo siguiente:

Medicamentos

Por lo general, la mayoría de los especialistas llegan a la conclusión de que cada paciente con artritis requiere de una serie de medicamentos que les ayude a aliviar los dolores, las inflamaciones y el enrojecimiento.

Dentro de los medicamentos más comunes que se establecen para tratar la artritis, se encuentran los analgésicos, los cuales ayudan a detener los dolores; los antiinflamatorios no esteroides (AINE), los cuales se encargan de reducir tanto el dolor, como la inflamación, siendo estos leves, moderados o más fuertes, dependiendo siempre de la intensidad del problema; los contrairritantes, los cuales son unas cremas que ayudan a calmar el dolor de las articulaciones por su alto contenido de mentol; los antirreumáticos modificadores de la enfermedad (DMARD), los cuales se deben utilizar en casos de artritis reumatoide y que por lo general se combinan con los modificadores de la respuesta biológica.

Por último, se encuentran los corticosteroides, los cuales ayudan a reducir la inflamación y le dan fuerza al sistema inmune de cada individuo.

Terapia

En algunos casos, los pacientes con artritis requieren de fisioterapia, sobretodo aquellos a los cuales les ha afectado en el movimiento. Estos ejercicios son muy útiles a la hora de mejorar la movilidad de las extremidades y para fortalecer todos los músculos que se encuentren cerca de estas.

Existen algunos casos un tanto más extremos, en donde se requiere del uso de férulas especiales que ayuden al paciente a mejorar.

Cirugía

Si los medios anteriores no funcionan y el daño ya ha excedido lo común, el especialita deberá evaluar al paciente para la realización de una cirugía. Esta puede variar, dependiendo de aquello que se requiera realizar. Por ejemplo, en ocasiones la cirugía se realiza para reparar las articulaciones, para reemplazarlas, o bien, para fusionarlas.

Cada una de estas cirugías debe ser estudiada a fondo por los especialistas y pacientes, con el fin de llegar a un acuerdo entre ambas partes.

¿Se puede vivir con la artritis?

Ya hemos dejado claro que la artritis es una enfermedad común que es capaz de atacar sin previo aviso y que perdura en la vida de los individuos todo lo que le queda de vida. Esto quiere decir que es necesario aprender a vivir con la enfermedad.

Si bien no es fácil aceptar que se debe empezar a vivir con una enfermedad a cuestas, es necesario hacerlo lo más pronto posible, con el fin de aprender a lidiar con ello. Como primera estancia, es necesario llevar una vida calmada, sin agites ni movimientos bruscos. Además, las personas con artritis deberían dormir una media de diez horas por día.

Por otro lado, si la enfermedad vas más allá de lo moderado, es necesario evitar cualquier tipo de actividad física que requiera de mucho esfuerzo, en donde dentro de esta particularidad se incluye reducir las horas de trabajo o la intensidad de la jornada laboral. Otra de las pautas a seguir es mantener siempre una postura erguida y no flexionar la espalda de forma prolongada.

Por último, es recomendable llevar una dieta balanceada, evitando el sobrepeso ya que esto genera que las articulaciones, ya dañadas, hagan un esfuerzo mayor del común, generando más daño.

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